Reflexiones post-aborto legal

La marea verde me trajo a mi primera marcha. Esa que después me trajo una charla TED, y ni hablar de muchísimas otras marchas. Me trajo un pañuelo verde que me regaló una persona que admiro, y canciones, y mucho glitter. Me trajo amigas y aliadas, más grandes y más chicas, gente que nunca habría conocido si no nos hubiese unido el deseo de un mundo más justo. La marea verde me trajo debates, respetuosos y con altura, en las clases y en los pasillos y en las mesas de la cena. Me trajo a Luciana Peker y su revolución de las hijas, y me enseñó a dibujar puños y corazoncitos verdes en todos lados. Me trajo negociaciones con la escuela para pegar carteles en los pasillos y las primeras marchas de la historia a las que fuimos organizadxs lxs estudiantes. Esta lucha me trajo abrazos, miradas cómplices, frustración y alegría compartida con un montón de mujeres, todas empujadas por la misma marea verde que hoy nos desborda por los ojos en las lágrimas de emoción. 

La lucha por el aborto trajo a mi vida, y a muchas otras, la palabra feminismo por primera vez. Trajo curiosidad, sororidad y organización. Pertenezco a una generación de pibas que va a estar marcada por el aborto para siempre, porque fue en esta marea verde que aprendimos a navegar nuestra lucha. Y eso va más allá de hoy, y es indestructible. Lo que acaba de pasar en el senado es el resultado de años de trabajo colectivo que transformaron al país y a cada una de nosotras. Desde acá solo se puede ir por más.

Hoy no tengo otra cosa que ganas de abrazarnos, a las grandes mujeres que me marcaron el camino y a las pibas que yo tuve el orgullo de guiar, a las organizadoras que le dieron vida a esta campaña por años, y a todas esas chicas que, como yo, aprendieron a navegar en estas verdes aguas. Y también a la piba de 15 años que le pide por favor a su mamá que la deje ir a su primera marcha. Que después de eso se queda con sed y sigue avanzando. Que de a poco se convierte en activista y no sale a ningún lado sin su pañuelo. Que escribe sobre cada derrota y no ve la hora de escribir sobre haber vencido.

Lo hicimos.

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