Casi fantasmas

Hace unos días me empezaron a llegar mensajes de muchas mujeres nominándome a un challenge en Instagram. Subir una foto en blanco y negro y etiquetar a otras mujeres para que hagan lo mismo. Mucho, demasiado tiempo después, me encontré con un hilo en Twitter explicando la historia detrás del desafío: En Turquía, uno de los países con la mayor cantidad de femicidios por año en el mundo, un gran número de mujeres fueron asesinadas esta semana. Mientras tanto, su gobierno no solo se rehúsa a castigar a los perpetradores, sino que trata de invalidar la Convención de Estambul que establece medidas para combatir la violencia de género. En Turquía cuando una mujer es asesinada es común ver su foto en blanco y negro en los medios a modo de homenaje. Por eso, mujeres pertenecientes a movimientos feministas locales comenzaron a publicar sus propias fotos de esa manera, como forma de decir que podría pasarle a ellas y protestar ante la injusticia del sistema. Nos dicen “estoy viva, pero mañana puedo no estarlo, y será mi asesino el que quede libre mientras mi foto brilla en tu pantalla”. Sumemosle la intervención de actores extranjeros que no conocen la causa, un poco de banalización, y ahí tenemos el challenge. Leyendo esto pensé en Julieta Delpino que fue estrangulada y enterrada debajo de un tanque hace unos días en Santa Fé. Tenía 19 años, uno más que yo. En sus perfiles en redes sociales, había publicado cosas sobre violencia de género y feminismo. “Mamá, si ya no vuelvo a casa…”, comienza uno de sus posteos. Me duele que ella haya tenido que imaginar eso, que como esas mujeres turcas haya pensado seriamente en la posibilidad de no volver. Me duele que haya visto su muerte suceder con tanta claridad, como lo hacemos muchas otras todos los días, y que después esa visión horrenda se haya materializado. Me duele que después de tanto dolor todavía haya mujeres vivas escribiendo sus propios obituarios, publicando sus propias fotos en blanco y negro, a sabiendas de que esta vez no será la última. Que la próxima puede ser cualquiera de nosotras. Si Julieta estuviera acá hoy, quizás habría participado del challenge. Pero no puede porque el patriarcado se hizo cargo de adelantarse a sus más sombríos pensamientos. ¿Cuántas de las fotos que se publicaron en estos días son premonitorias, iguales a los posteos de Julieta? ¿Cuántas más hacen falta para entender? Me sumo a la lista porque quiero que quede bien claro que me rehuso a seguir escribiendo esta historia. Me rehúso a seguir naturalizando pensarme muerta a manos de este monstruo. Mientras sigan habiendo Julietas, y mientras nuestros gobiernos traten, como el de Turquía, de evitar que se haga justicia por ellas, seguiremos siendo en parte fantasmas, caminando por el mundo sabiendo que nuestras vidas no son cien por ciento nuestras. Y estoy cansada de escribir sobre no poder volver y desear que mis palabras se atengan a ser solo eso.

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