Marchando

Basta pasarle los ojos por encima a la gran mayoría de las fotos y los textos que subí a lo largo del año para darse cuenta de que 2019 fue un año de marchas. Tiene sentido que así sea. Fue por lejos el año en el que más marché, en el que causas que apoyo hace mucho tiempo tomaron una fuerza que antes no tenían, y en el que pude encontrar los espacios y las personas indicadas para luchar con convicción, seguridad y alegría. Miro hacia atrás y siento que incluso en los momentos en los que no estaba físicamente en una marcha, estuve marchando. 

Las marchas claramente las hacen lxs compañerxs. Este año tuve el lujo de conocer a muchxs que son brillantes y que tienen corazones enormes. Me tocó ser la persona más chica y con menos experiencia en distintos grupos de personas que me volaron la cabeza. Marchar a su lado, abrazadxs, siempre de la mano para no perdernos, me hizo mejor activista y mejor persona. Gracias a ellxs marchar para mí es también felicidad pura. Marchar estar suspendida entre la indignación y la alegría de estar junto a quienes tengo al lado, el equilibrio perfecto entre el amor y la furia.

La militancia me acerca cada día a gente increíble, pero también me da la hermosa seguridad de saber que soy parte de algo muchísimo más grande que yo, incluso si no puedo verlo. Soy cuadras y cuadras de gritos, de voces y manos alzadas. Soy las millones de mujeres que paramos el 8 de Marzo y que gritamos con fuerza en cada Ni Una Menos para que nuestros derechos sean ley. Soy cada joven activista por el clima alrededor del mundo que se planta ante políticxs que no nos representan y les deja bien en claro que si nuestrxs líderes se comportan como niñxs, lxs niñxs vamos a comportarnos como líderes. Me gusta mucho esa sensación de saber que soy tantxs. Me gusta eso de viajar en colectivo con el pañuelo verde atado a la mochila y cruzar miradas con la gente; saber que aunque no lxs conozca van para el mismo lado que yo.

Fue un año de carteles, de canciones, de consignas. Fue un año de decir en voz bien alta todo lo que siento y pienso. De hacerme escuchar incluso cuando hay otrxs que prefieren que esté en silencio. Fue un año en donde dejé de disculparme por hacer ruido y ocupar espacio, en las marchas y también fuera de ellas. Fue un año de sentirme valiosa, de sentirme con derechos, y de tratar siempre, en todos los espacios, de que la gente que me rodea también se sienta así.

Claro que también fue un año de indignación y enojo. Por eso marchamos. Cuando tu casa está en llamas y nadie hace nada al respecto, cuando la ignorancia y el egoísmo se quieren imponer por sobre la equidad y el respeto, cuando quienes tienen poder lo usan para dominar y pisotear al resto en lugar de escuchar y promover la equidad, es difícil seguir siendo optimista. Y eso está pasando mucho, dentro y fuera del contexto de las marchas. Pero este año no nos dejamos vencer por el enojo. Lo transformamos en acción y nos alzamos por encima de todxs aquellxs que trataron de silenciarnos. Aprendimos de ese enojo, lo miramos de frente, incluso cuando dolió. Y eso nos hizo más fuertes.

Fue un año de caminar muchísimo. De bancarla cuando hizo mucho frío, mucho calor, cuando estaba oscuro. Cuando éramos poquitxs y parecía que no nos estaba mirando nadie, y cuando sentimos la presión de saber que nos estaba mirando el mundo. El año termina, llenísimo de cosas como estuvo, y yo siento que estoy volviendo a mi casa después de marchar. Estoy chivada y cansadísima, me duelen las piernas y estoy llena de pintura y olores que no logro que me abandonen del todo. Pero no me entra el amor en el cuerpo y necesito sentarme a poner en palabras lo feliz que soy. No puedo más, no puedo estar parada otro minuto, y a la vez tengo tanta energía, tanta felicidad que no sé qué hacer. Miren lo que hicimos, pienso. Se me vuelve a erizar la piel.

Ojalá el año que viene nos encuentre exactamente así: Marchando. Ojalá transitemos todos los caminos con alegría, rodeados de gente preciosa, cantando, haciendo arte y adueñándonos del espacio que nos pertenece. Ojalá haya muchísimas marchas de festejo, y ojalá que cuando no estemos festejando luchemos con dignidad y con la convicción absoluta de estar del lado correcto de la historia. Ojalá el año que viene rompamos nuevos límites y techos de cristal, ojalá conquistemos más derechos y hagamos resonar nuestras voces en todos lados. Ojalá tengan el placer de encontrarse a ustedes mismxs siempre marchando, caminando rodeadxs de gente que canta lo mismo que ustedes con la misma fuerza. Viendo en el horizonte un lugar mejor, más libre, al cual movernos juntxs. 

Se termina una década que nos vio avanzar más allá de lo que parecía posible, y empieza otra todavía más decisiva. Nosotrxs seguimos exactamente donde estamos; moviéndonos todo el tiempo. Nosotrxs seguimos acá, marchando.

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