Lxs pibxs de la cabeza, lxs pibxs a la cabeza

Hoy a la mañana, en un contexto totalmente ajeno a la marcha que se avecinaba, escuché a alguien decir que la adolescencia es una forma de resistir. Fue una cosa que se dijo en alusión a Ana Frank, figura que admiro y con quien me identifico, explicando que para ella, continuar viviendo su cotidianidad a pesar de la violencia que la rodeaba fue una forma de oponerse al sistema que la oprimía. Continuar desarrollando sus intereses, descubriendo pasiones, y preocupándose por sus problemas de “adolescente común” fue su manera de sobrevivir y de seguir siendo ella misma. Frente a un sistema que la deshumanizaba, ella no hizo otra cosa que ser lo más humana posible. Y así su condición de adolescente se convirtió en su forma de resistencia. Me gustó esta reflexión, y por eso la comparto; porque creo que la adolescencia es vivir todo intensamente, y que vivir intensa y humanamente es una forma de resistir.

Hoy, muchísimos adolescentes salimos a la calle a pedir algo que no debería ser trabajo de los adolescentes pedir, porque otra adolescente nos invitó a hacerlo con ella. Durante estas semanas a Greta le dijeron de todo: Que es demasiado adolescente y muy poco adolescente parecen ser, ambas y al mismo tiempo, verdades indiscutibles para quienes la critican. Para ellos, Greta es demasiado chica para ser escuchada, o mejor dicho para decir algo que valga la pena escuchar. Es solo una adolescente, cuyos pensamientos y preocupaciones son inherentemente superficiales. Pero a la vez, se está preocupando por temas de adultos, y debería dedicarse a vivir su vida como cualquier adolescente común.

Pero los adolescentes comunes hoy demostramos que Greta no es la única, ni está cerca de serlo. Que somos muchos, y no vamos a parar hasta generar el cambio que queremos, y que venimos a dar vuelta todo, hasta convertir el clima, el tema más trivial que se les ocurra, en un asunto político y de derechos humanos. Puede ser que estemos un poco mal de la cabeza. Puede ser que seamos idealistas, que no entendamos algunas cosas (pero sí otras), y que también tengamos algunos problemas más supuestamente triviales, aunque es debatible incluso si esa trivialidad es verdadera.

Pero más allá de esa discusión, decidí que me rehuso a avergonzarme de mi adolescencia, o a creer que me hace menos apta para ser activista. Soy parte de esta revolución porque soy adolescente, no a pesar de ello, y no estoy dispuesta a seguir discutiendo con quienes afirman que mi edad me vuelve menos inteligente, menos interesada, menos persona. Y si mi condición de adolescente es lo que me diferencia de una generación apática que no comprende que asegurarnos un futuro es más importante que seguir siendo arrastrados por la inercia en nuestra comodidad, entonces me encanta serlo. Ser adolescente no me hace menos activista, y a Greta tampoco. Puede ser que lxs pibxs estemos un poco de la cabeza, pero estamos a la cabeza de este cambio.

Tengo toda la fé en mi generación, y en todo lo que estamos haciendo. La lucha es nuestra, y está en los adultos (y las adultas) que tienen el privilegio de estar sentados en la mesa en la cual se toman las decisiones escucharnos. Y en lugar de hacer hincapié en todo lo que nos falta a los adolescentes, pensar en todo lo que tenemos, todo lo que decimos, todo lo que damos. Y construir un futuro digno de este hermoso presente de lucha.

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