Reflexiones a boca de urna

Soy una chica argentina de diecisiete años que vota. Hoy me convertí en esto, aunque ya llevo un tiempo siendo las primeras tres cosas por separado. Venía anticipando el momento desde hace meses, sin saber cómo me iba a sentir o qué iba a pasar realmente. Hace un par de horas, sola en el cuarto oscuro, busqué un poco de claridad. No me fue fácil. No sé si estuve a la altura de las circustancias, si hice algo mal, y nadie estaba ahí para decirme. Pero me permití un momento de orgullo, de sentirme fuerte, porque soy una chica argentina de diecisiete años que vota. Soy algo que para muchos durante mucho tiempo fue imposible, algo que para muchos incluso hoy no debería ser. Ser una chica argentina de diecisiete años que vota no es poca cosa.

Ser una chica que vota ya es un hecho revolucionario en sí mismo. Detrás de mí cuando entré al cuarto oscuro había años de lucha, había miles de mujeres que dedicaron sus vidas a la búsqueda de igualdad y representación. Ser una chica que vota es estar parada sobre los sacrificios de todas esas mujeres luchadoras, y por lo tanto deberles, aunque sea, la humilde tarea de votar para que otras chicas, dentro de muchos años, den por sentados esos derechos que a nosotras hoy nos resultan impensados. Si viviera en otro país, hoy mismo al vez yo no sería una chica que vota. Incluso dentro de Argentina, no todas las chicas que votan tienen la posibilidad de informarse y de elegir por sí mismas como yo lo hice hoy. A ellas también algo les debo. Voto para que algún día todas las chicas votemos. Y para que haya más chicas en las boletas, con sus nombres escritos en letras grandes y mayúsculas. Voto para que no tengamos miedo de ocupar ese espacio, para que todas podamos sentirlo nuestro como yo lo sentí hoy.

Tampoco puedo pasar por alto el ser una argentina que vota. Estoy votando en un país donde por mucho tiempo no votó nadie. Donde por mucho tiempo, en muchos momentos, solo votaron algunos, o lo que votaron quienes lo hicieron no se tradujo en verdadera democracia. Pocas cosas me enorgullecen de mi país como nuestro amor feroz por la democracia, y nuestra idea, que no debería ser tan revolucionaria, de que votar es un derecho para todos y todas. Pienso en lo afortunada que soy de vivir en un momento en el cual puedo expresarme libremente, de esta y de otras mil maneras, y voto para que esto nunca cambie. Voto por los que no pudieron, por los que fueron silenciados, por los que hoy todavía viven con miedo. Votar es decir nunca más. Votar es decir que acá seguimos.

Y finalmente, no puedo evitar pensar en ese número: diecisiete. Ese número que me llegó hace poco, y que todavía me cuesta bastante asimilar. Ser una adolescente que vota me vuelve controversial, me vuelve política, me vuelve motivo de discusión. Me convierte en una protesta ante aquellos que dicen que la juventud está perdida solo porque la juventud se encuentra en lugares que a ellos no les gustan. Me convierte en guardiana de mi futuro; del futuro que no quiero que me arruinen. Votar a los diecisiete me da poder para moldear ese futuro como yo quiero que sea, para que todo lo que me importa como mujer y como argentina tenga un lugar en la mesa. Votar a los diecisiete me invita a apropiarme de mi presente, a no pensar a mi generación como lo que está por venir, sino como eso que ya llegó y está acá para cambiar todo.

Soy una chica argentina de diecisiete años que vota. Soy un insulto caminante hacia mucha gente, hacia todos aquellos que piensan que alguna de esas condiciones me hace menos apta, menos inteligente, menos persona. Y a la vez para muchos otros soy esperanza. Para la gente que me mandó mensajes durante el día felicitándome, para todos los que me aplaudieron en la mesa y me hicieron pasar una vergüenza terrible, para mis amigos, los que votaron y los que no, con los que a lo largo de este último mes tuve conversaciones realmente interesantes. Soy algo fuerte y de mucha importancia; algo con mucho poder. Y saberse capaz de ejercer ese poder es lindo. Es encontrarse a una misma tras un largo camino de luchas, sintiendo una profunda admiración al mirar hacia atrás, y dispuesta a seguir caminando para llegar más lejos. Para llegar a un lugar mejor.

Yo sé que en este país somos todos unos cínicos, que la mayoría de nosotros odiamos profundamente a todos y cada uno de los candidatos, que no tenemos ni un poquito de esperanza, que la nación es un mito, y todas esas cosas. Pero seamos conscientes, aunque sea por unos segundos, de el enorme privilegio y la responsabilidad que tenemos. Y tratemos de usar esta herramienta lo más sabiamente posible. Porque ser una chica argentina de diecisiete años que vota no es algo que sucede todos los días. Y en mi experiencia resultó algo bastante lindo para ser.

1 Comment

  1. Felicitaciones, chica argentina de diecisiete años que vota!!! Felicitaciones por reflexionar, por recordar y por valorar lo que tenemos !!!
    Siempre es lindo leerte !!!

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