Tres Deseos

La gente acostumbra a ir al Kotel a pedir deseos. La verdad es que no entiendo ni me parece muy apropiada esa costumbre. Todas las veces que tuve la suerte de estar parada ahí, incluida y sobre todo esta, tuve mucho más para agradecer que para pedir. Entonces esta vez, en lugar de dejarle al kotel papelitos con todo lo que me falta, abracé a mis amigas y dije un shejeianu por todo lo que tengo. Hace un par de días fue mi cumpleaños, y los amigos hermosos que tuve el placer de tener conmigo me hicieron soplar las velitas. Cuando me preguntaron si había pedido tres deseos, los miré con cara de que no entendían nada, y les dije “Estoy acá con ustedes. ¿Que voy a pedir?” Me cuesta mucho contestar en pocas palabras cuando me preguntan cómo estuvo el viaje. Pero me quedo con una sensación que me acompañó siempre: Mirar alrededor, ver todo lo que una podría querer, y sentir unas ganas irreprimibles de decir gracias. Estar parada delante del kotel o frente a una torta de cumpleaños, y no tener ni un solo deseo para pedir. Solo esta gente, en este lugar, en todos los momentos. 

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