Un poquito más Israel

Del acto escolar de Yom Haatzmaut (día de la independencia israelí), Martín Buber, Mayo 2019

Desde que somos chicos nos enseñan que Israel es nuestra casa. Que si pasa algo en nuestro país, si necesitamos ayuda o queremos aspirar a más, siempre podemos ir, o mejor dicho volver, ahí. Nos enseñan que Israel tiene una responsabilidad para con nosotros, que es tan nuestro como Argentina, o incluso un poquito más. Hay gente que incluso ve a la Argentina como algo provisorio, un lugar de tránsito en el que estamos parados un ratito pero que nunca va a ser tan nuestro como Israel, nuestra verdadera casa. 

Yo, que tuve la suerte de estar ahí varias veces, estoy súper acostumbrada a pensar a Israel como propio. No me sorprendo al ver cuánto de mí hay en sus calles; me parece lo más natural del mundo. Doy totalmente por sentado que allá la gente es como yo, y que está dispuesta a ayudarme e incorporarme a su familia.

Hace poco tuve la suerte de recibir a una chica israelí en mi casa por diez días. Ella convivió con mi familia, observó mi escuela y otros ámbitos de la comunidad y aprendió sobre nuestras costumbres como judíos argentinos. Me sorprendió mucho lo extraño que le resultaba a ella ver todo esto, como si no nos hubiera creído, hasta vernos, que nosotros también éramos judíos. Se sorprendía al ver que nosotros festejábamos pesaj igual que su familia, que hablábamos ivrit (aunque a veces a algunos nos costara un poco al principio), que sabíamos su historia nacional tan bien como ellos, y que por todos lados en la escuela había banderas de su país o fotos de sus próceres. Para ella era como ver un pedacito de su casa, de sí misma, en un lugar donde esperaba encontrar solamente lo desconocido.

Y es que a los chicos de Israel, en general, no se les enseña, como a nosotros, que tienen dos casas. Nosotros conocemos todo sobre ellos, su sistema, sus vidas y su cultura. Pero ellos muchas veces no saben casi nada de nosotros. 

Cuando mi invitada israelí se fue, me dijo que estaba contenta porque ahora sabía que tenía dos casas. Sabía que en Argentina también se cantaba el Hatikva, también se hablaba en ivrit, también se estudiaba a Hertzl y se festejaba Pesaj. Y esto le daba tanta tranquilidad como me da a mí saber que Israel existe.

En este Iom Haatzmaut, estamos, lamentablemente, lejos de Israel. Pero me parece que como judíos de la diáspora tenemos la responsabilidad de traer un poquito de Israel más cerca nuestro. Ya sea estudiando, comiendo, cantando, bailando, hay mil maneras de traerlo hasta nuestro rincón del mundo. Hacer de nuestro lugar un poquito más Israel. Y estar todos un poquito más cerca. 

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